El tono más pálido del verde grisáceo se conoce como verdeceladón, un bello color que recibe este nombre por la cerámica china que se remonta al año 25 d. C. Además, se creía que los artículos elaborados en este tono, muy apreciado por su belleza en la antigüedad, se rompían o cambiaban de color si contenían comida envenenada (¡algo que se agradece si eres un emperador desconfiado!). Durante siglos, el verdeceladón ha servido de adorno a exquisita cerámica de gres.

Hoy en día, el verdeceladón se sigue viendo como un color elegante y etéreo. Su tranquila belleza, que evoca las aguas verde pálido del mar, es ideal para aportar calma a una habitación en la que quieras sentirte relajado. Sus connotaciones delicadas y atemporales encajan a la perfección para pintar un dormitorio femenino o en un cuarto de baño lleno de serenidad.

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