El blanco de plomo es uno de los pigmentos más antiguos elaborados por el hombre, cuya historia se remonta a los antiguos griegos y egipcios. En muchas de las pinturas al óleo europeas más apreciadas del mundo se utilizó el blanco de plomo como capa de imprimación del lienzo, para mezclar tintes de varios colores y para aplicar toques de luz. La contribución del blanco de plomo a embellecer las obras de arte sirvió de inspiración para otro uso: como pigmento de maquillaje. Era conocido que la reina de Inglaterra Isabel I utilizaba este pigmento. Por desgracia, ¡su contenido en plomo no resultaba muy bueno para la piel!

En la época moderna, se ha sustituido el plomo por nuevos pigmentos como el blanco de titanio y de cinc. Independientemente de la evolución del pigmento, el mundo sigue apreciando la belleza sencilla de este color, y por eso la pintura blanca es la favorita en todo el mundo.

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