Los antiguos romanos lo llamaban auripigmentum, que significa “pigmento de oro”. No obstante, el mineral oropimente, también conocido como sulfuro de arsénico, no es en realidad oro, a pesar de los esfuerzos de los alquimistas medievales por convertirlo en el metal precioso. Aún así, el oropimente se ha utilizado para multitud de fines además de para pintar. En tiempos de guerra, las puntas de las flechas se impregnaban de este pigmento para envenenar al enemigo, y los chinos lo utilizaban para dar color a los fuegos artificiales.

Muy cotizado por los artistas durante siglos por su brillo parecido al del oro, no fue hasta el siglo XIX que el oropimente se sustituyó por alternativas sintéticas menos tóxicas. Este pigmento dorado, que los artistas siguen utilizando hoy en día, está disponible en una amplia variedad de tonos, desde el limón ácido hasta el amarillo canario pasando por un amarillo tirando a marrón. Libera al artista que llevas dentro y utiliza este amarillo dorado tanto como quieras para crear un espacio alegre y acogedor.

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